El Director de la CIA dijo hace unas semanas que la amenaza rusa sobre la utilización de armas nucleares tácticas (están ubicadas en almacenes) no debía tomarse a la ligera, aunque no haya evidencias prácticas que fueran a utilizarse.

Al mismo tiempo, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, sostuvo que Occidente no debía subestimar el riesgo nuclear sobre Ucrania; esta advertencia vino después que el Kremlin anunciara la prueba de un misil intercontinental muy poderoso: el Sarmat. Se consideran misiles intercontinentales, a aquellos capaces de alcanzar un objetivo a más de 5.500 kilómetros, de evadir sistemas de defesa (no son detectables) y en este caso particular, tendrían la posibilidad de trasportar 10 ojivas nucleares.

El impacto que tienen las armas nucleares tácticas es muy diferente a las que podría transportar el misil Sarmat: armas nucleares estratégicas.

Las armas nucleares tácticas tienen un alcance de 300 kilómetros, pueden lanzarse desde misiles en el campo de batalla, como los que se utilizan para lanzar bombas convencionales, proyectiles de artillería como tanques o ser activados como una mina cuando las fuerzas enemigas están cerca. Aunque, tienen un poder entre 1 kilotón o menos (1000 toneladas de TNT) hasta 100 kilotones, la liberación de esa cantidad de energía tendría efectos terribles. Hay que tener en cuenta que las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki (la única vez que se utilizaron bombas nucleares) tenían 15 kilotones y murieron de manera inmediata 150 mil personas, destruyeron infraestructura y dejaron efectos a largo plazo.

Se estima que Rusia tiene almacenadas cerca de 2 mil armas tácticas y que posee 2.565 armas nucleares estratégicas, 1.588 desplegadas, cerca de mil almacenadas, pero listas para usar y 1.500 retiradas pero que se podrían usar.

Con relación a las armas nucleares estratégicas, se cree que Rusia ha desarrollado una de las más poderosas del mundo que contendría una potencia de 800 kilotones y que la demostración de la capacidad de transporte de sus misiles desde la invasión a Ucrania, responde a la doctrina militar rusa de “escalar para desescalar”.

A pesar de las constantes advertencias por parte de Rusia sobre su poderío nuclear, parece improbable que sean utilizadas, incluso las tácticas. Hay un constante monitoreo sobre movimientos en almacenes y sitios de lanzamientos y no se ha detectado ningún desplazamiento.

No se sabe cómo reaccionaría Occidente ante el uso de una bomba nuclear, incluso de una táctica, pero se estaría traspasando un límite y nadie quiere una guerra nuclear total, ni siquiera Vladimir Putin.

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, convertido en héroe de guerra, inspirando a las tropas ucranianas y conmoviendo al mundo y la retórica utilizada por Rusia para demostrar a su población la necesidad de la ofensiva militar en Ucrania y la superioridad a sus “enemigos” forman parte de un componente clave en el conflicto.

Hasta el momento, el armamento utilizado en la guerra es convencional, Ucrania está recibiendo una fuerte ayuda por parte de Estados Unidos y Europa, en particular, armas diseñadas para los combates en la región del Donbas. Este hecho suscita la preocupación de Rusia, al igual que la invitación directa de la OTAN a Suecia y Finlandia a sumarse, ya que duplicaría los kilómetros de frontera que tiene hoy la alianza militar.

Ante la incertidumbre sobre la duración del enfrentamiento, los fracasos de la salida diplomática, parecería, que se va a dirimir en el campo de batalla, lo que hará cada vez más atroz el impacto en civiles, ya sea porque son desplazados de sus hogares, mueran bajo fuego ruso o sean violadas sus mujeres y sus niñas.

*Coordinadora de SEHLAC, directora de APP y miembro de la Junta directiva de ICAN, ganadora del premio Nobel de la Paz 2017.

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