Stuart A. Thompson

14/05/2022 4:04

Actualizado al 14/05/2022 4:06

Para los espectadores occidentales, la invasión de Rusia a Ucrania se ha desarrollado como una serie de violentos ataques salpicados de equivocaciones estratégicas.

Pero en la televisión rusa, esos mismos acontecimientos fueron procesados como sucesos positivos, una interpretación respaldada por un embrollo acelerado de posturas y mentiras.

Una buena parte de los medios noticiosos de Rusia está fuertemente controlada por el Kremlin y la televisión estatal actúa como portavoz del gobierno.

El presidente ruso, Vladimir Putin, asiste a una reunión con el gobernador de la región de Tver, Igor Rudenya, en Moscú. Sputnik / Mikhail Klimentyev / Kremlin vía REUTERS

El presidente ruso, Vladimir Putin, asiste a una reunión con el gobernador de la región de Tver, Igor Rudenya, en Moscú. Sputnik / Mikhail Klimentyev / Kremlin vía REUTERS

Los reportajes críticos sobre la guerra han sido criminalizados.

Según los especialistas en desinformación, la complicada y en ocasiones contradictoria narrativa de la televisión rusa acerca de la guerra no solo tiene como objetivo convencer a los espectadores de que su versión de los acontecimientos es cierta.

Por lo general, el propósito es confundirlos y generar suspicacia para que no sepan qué creer.

The New York Times analizó más de 50 horas de imágenes de televisión para exponer cómo se les mostraba la guerra a los rusos a través de los medios noticiosos del país.

14 de abril

Misiles ucranianos provocan el naufragio de un preciado buque ruso Rusia afrontó una pérdida importante cuando el Moskvá, su emblemático crucero lanzamisiles, naufragó tras ser atacado a mediados de abril.

Las autoridades ucranianas señalaron que el buque fue alcanzado por dos misiles antibuque Neptuno.

Esa semana, el Times informó que Estados Unidos proporcionó los trabajos de inteligencia que ayudaron a que Ucrania ubicara y atacara el barco.

Los medios noticieros independientes rusos fuera del país informaron que fallecieron cerca de 40 hombres y que otros 100 estaban heridos.

No obstante, en los medios rusos estatales, los programas de noticias minimizaron el ataque estratégico de Ucrania mediante una narrativa que han modificado con el paso del tiempo.

Al principio, el Ministerio de Defensa ruso aseveró que el buque se dañó después de que un incendio a bordo había propiciado que estallaran algunas municiones.

El informe decía que el barco estaba siendo remolcado a la orilla y que la tripulación había sido evacuada a salvo.

Después, los medios rusos informaron que el barco se había hundido durante una tormenta mientras era remolcado.

En un segmento también se mostró a una fila de marineros rusos ilesos que fueron presentados como la tripulación del Moskva, sana y salva.

2 de abril

Los cadáveres sobre las calles de Bucha Cuando las fuerzas rusas se retiraron de la zona de los alrededores de Kiev, la capital de Ucrania, circularon imágenes gráficas que mostraban cadáveres de civiles tirados en las calles.

En Bucha, un suburbio de Kiev, se descubrieron algunos civiles con las manos atadas o con disparos de arma de fuego en la cabeza.

Estas imágenes generaron peticiones reiteradas de levantar cargos de crímenes de guerra contra Rusia.

Pero en la televisión rusa esos materiales fueron presentados como un montaje, y los conductores de televisión analizaron las imágenes y el video en busca de elementos para desenmascarar la farsa.

En un video, los periodistas rusos señalaron que la ropa de algunos civiles muertos estaba demasiado limpia como para haber estado en las calles durante varios días, lo que implicaba que los civiles no podían haber sido asesinados durante la ocupación rusa.

Un comunicado del Ministerio de Defensa que se transmitió en el noticiario nocturno “Vremya” decía que los cuerpos no tenían señales de descomposición y que la sangre de las heridas no se había coagulado.

“Todo eso es una prueba irrefutable de que las fotos y los videos de Bucha son otro montaje del régimen de Kiev para que los medios de comunicación masiva occidentales saquen provecho”, decía el comunicado del ministerio.

Sin embargo, las nítidas fotografías que manejaron los medios occidentales mostraban que los cuerpos tenían claras señales de putrefacción.

Otro informe noticioso señaló que en las imágenes de Bucha aparecían algunos cuerpos moviéndose, lo cual se mencionó como una prueba de que los cadáveres eran falsos.

Un video mostraba un espejo retrovisor en el que se veía un cuerpo que parecía moverse después de que pasaba el auto.

Pero en varias fotografías tomadas en el lugar por fotógrafos occidentales se veía que los cuerpos de esa área tenían muestras claras de descomposición.

Al parecer, la sensación de movimiento era resultado de la distorsión del espejo, la cual también afectaba los edificios alrededor del cuerpo.

Posteriormente, la afirmación de que los cuerpos de las calles eran parte de un montaje entró en conflicto con una narrativa totalmente distinta promovida en la televisión rusa: que los civiles sí habían sido asesinados, pero que los soldados ucranianos fueron quienes los mataron.

9 de marzo

Un hospital de maternidad bombardeado Rusia se ganó el repudio internacional después de bombardear un hospital de maternidad en Mariúpol, una ciudad portuaria del sur.

Las imágenes de mujeres embarazadas heridas, a quienes transportaban por los terrenos calcinados del hospital o ayudaban a bajar las maltrechas escaleras del lugar, dejaron claro a los espectadores occidentales que la guerra tenía un costo para la población civil.

No obstante, en Rusia, ese ataque fue calificado como una mentira.

En una avalancha de alegatos que duró varios días, la televisión rusa diseccionó las escenas y planteó muchas dudas sobre la narrativa occidental, casi siempre utilizando las mismas imágenes vistas en Occidente para proponer diferentes explicaciones de lo ocurrido.

En los medios occidentales, circularon sobre todo las imágenes de dos mujeres.

Una de ellas, Marianna Vyshemirskaya, una influencer que sobrevivió al ataque y luego dio a luz a una niña.

La otra, que no ha sido identificada, fue fotografiada en una camilla y después la agencia Associated Press informó que había fallecido.

En un segmento, los periodistas rusos afirmaron que ambas eran la misma mujer.

Después, Vyshemirskaya negó haber sido la mujer vista en la camilla.

En otro segmento transmitido en la televisión rusa, dijeron que las víctimas que estaban siendo retiradas del hospital eran soldados del batallón ucraniano de extrema derecha Azov, una unidad de la guardia nacional de Ucrania que tiene vínculos con el movimiento neonazi del país.

Pero en las imágenes captadas por los periodistas occidentales se veía que las víctimas eran mujeres y que algunas llevaban ropa color caqui que se parecía un poco a los uniformes de los soldados.

Posteriormente, Vyshemirskaya le dio una entrevista a Denis Seleznev, un bloguero ucraniano que respalda el movimiento separatista de la región del Donbás, al este de Ucrania.

Los fragmentos que se transmitieron en la televisión rusa no se centran en las heridas de la mujer, sino en el batallón Azov y afirman que este grupo militar ocupó el hospital antes de que tuviera lugar el bombardeo.

Los periodistas occidentales no reportaron que en la escena se hubiera encontrado alguna prueba de que Azov hubiera usado el edificio como base, y un informe de abril emitido por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa catalogó el ataque al hospital como delito de guerra.

Los medios rusos y el Kremlin con frecuencia han hecho hincapié en el movimiento neonazi de Ucrania para justificar la invasión.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, señaló que uno de sus objetivos principales era la “desnazificación de Ucrania”.

Pese a que el batallón de Azov fue fundado en 2014 por grupos ultranacionalistas y neonazis de Ucrania, los expertos afirman que ese grupo ha dejado de ser tan extremista debido a la presión de las autoridades.

Según los especialistas que monitorean a la extrema derecha, el movimiento neonazi no es una fuerza importante en Ucrania y señalan que una prueba de ello es la elección de Volodímir Zelenski, quien es judío, como presidente de Ucrania.

4 de marzo

Ataque a la central nuclear de Zaporiyia A principios de marzo, las fuerzas rusas se aproximaron a la planta nuclear más grande de Europa. Una escaramuza con las fuerzas ucranianas derivó en un incendio en ese complejo, el cual, según Zelenski podía dar como resultado “el fin de Europa”. El fuego fue extinguido más tarde, pero las autoridades ucranianas acusaron a Rusia de “terrorismo nuclear”.

Sin embargo, a los espectadores rusos les contaron otra historia: que soldados ucranianos habían asaltado las instalaciones y prendido fuego al edificio antes de huir.

Les dijeron que las fuerzas rusas estaban defendiendo la planta de los “saboteadores ucranianos”, de acuerdo con un comunicado del gobierno que se repitió en los medios estatales.

En las imágenes publicadas algunas semanas después, se veía que la central de energía estaba funcionando de manera normal, y algunas tomas realizadas por drones mostraban a los trabajadores llegando a un centro impecable y pasando de manera ordenada por los retenes de seguridad.

“Mientras sigue en marcha la operación militar especial, la planta de energía nuclear no ha dejado de funcionar ni un solo segundo”, señaló Alexei Ivanov, un reportero de “Vremya”, el noticiero nocturno del Canal 1.

“Y ahora se ha fortalecido”. Ivanov también mencionó que los guardias rusos “no interfieren con el funcionamiento de la planta”.

Un soldado entrevistado en las instalaciones señaló que “los empleados de la planta muestran cierto respeto” y que los trabajadores “mantienen el orden y la disciplina en su trabajo”.

En la televisión estatal, con frecuencia se sigue afirmando que a Ucrania le está yendo mejor bajo el control de Rusia, lo cual apuntala el cuestionable argumento de Putin de que los soldados rusos fueron enviados para proteger a los ciudadanos de Ucrania.

c.2022 The New York Times Company

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