Idafe Martín

Idafe Martín

23/06/2022 11:44

Actualizado al 23/06/2022 11:44

La cumbre europea de este jueves y viernes tiene un gran foco puesto en la concesión a Ucrania y Moldavia (Georgia deberá esperar) del estatuto de países candidatos a la adhesión.

Una puerta que se entreabre para dos países bajo la invasión o la amenaza de Rusia y una señal a Moscú de que la Unión Europea no tiene intención de respetar zonas de influencia y sí la libre decisión de cada país de elegir sus alianzas y su futuro.

Ese será el principal asunto y el que se llevará el protagonismo de la cumbre, pero esa decisión ya está acordada y apenas habrá debate. El elefante en la sala de los dirigentes de los 27 será otro, también relacionado con Rusia: la energía.

Planes de emergencia​

El gobierno alemán decidió este jueves activar la segunda fase (de tres) de su plan de emergencia ante un eventual corte del suministro de gas ruso.

Si, como teme Berlín, el Kremlin decide cerrar los grifos, Alemania se puede enfrentar a una crisis energética el próximo invierno que sólo podría soportar racionando el consumo de gas natural, indispensable en gran parte de su industria y para la calefacción de los hogares.

El gasoducto Nordstream, en el centro del conflicto. Foto: AFP

El gasoducto Nordstream, en el centro del conflicto. Foto: AFP

La amenaza es real porque a principios de junio Rusia ya recortó un 60% el gas que enviaba a Alemania por el gasoducto Nord Stream 1. Gazprom anunció que a mediados de julio lo cerrará dos semanas, supuestamente para labores de mantenimiento.

Esa reducción no se nota en Europa en verano porque el consumo es hasta cuatro o cinco veces menor, pero está impidiendo rellenar los depósitos para pasar el invierno si el Kremlin no reanuda los suministros a su nivel normal.

Moscú suspendió totalmente los envíos de gas a Bulgaria, Dinamarca, Finlandia, Polonia y Países Bajos. Y en las últimas semanas empezó a reducir los suministros a otros países, como Austria, Italia, Francia y Bélgica.

Por ahora se han podido reemplazar con importaciones de gas licuado desde otros destinos y volviendo a quemar carbón en algunos sitios (Alemania, Austria), pero un cierre total sería imposible de sustituir y afectaría al corazón de dos políticas claves de la Unión Europea: la climática y la económica.

Riesgos políticos y económicos

Ese impacto podría alterar la estabilidad política del bloque, amenazada por una inflación que crece al ritmo de los precios de la energía, que empieza a tener efectos de segunda ronda y que provoca que el Banco Central Europeo se disponga a subir los tipos de interés en julio y probablemente en septiembre u octubre.

Los datos del BCE muestran que si Rusia cierra totalmente el grifo del gas la Unión Europea irá a la recesión en 2023 y aumentará la inflación: el escenario de estanflación que temen los gobiernos y que puede provocar vuelcos en las urnas. Asegura el BCE que el PBI de la Eurozona caería en 2023 un 1,7% si los grifos del gas se cerraran completamente.

El informe del BCE apunta también al racionamiento: “Las disrupciones de los suministros energéticos y la escasa posibilidad de sustituir inmediatamente los de gas de Rusia probablemente requieran racionamiento y reasignación de recursos, con el resultado de un recorte de la producción en la Eurozona, en particular en sectores energéticamente intensivos”.

Fuentes europeas creen que la reducción paulatina de los suministros de gas a Europa no reduce los ingresos de Rusia por sus exportaciones de gas porque vende menos pero está disparando el precio, así que ingresa más por metro cúbico exportado.

La Agencia Internacional de la Energía advirtió esta semana a Europa que debe acelerar sus preparativos para la eventualidad de que Rusia detenga todos los suministros energéticos.

La Comisión Europea y los gobiernos de los 27 acordaron en abril que para el 1 de noviembre tendrían los depósitos de gas llenos hasta el 90% de su capacidad.

La apuesta del Kremlin parece clara. Fuentes diplomáticas europeas aseguran que el presidente Vladimir Putin quiere torcer el brazo a los europeos, para que levanten las sanciones y dejen de enviar armas a Ucrania, agravando la crisis energética, que además provoca un aumento de la inflación. Es lo que en Bruselas ya se llama “el chantaje energético del Kremlin”.

Bruselas, especial

CB​

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