Julio Algañaraz

Julio Algañaraz

14/05/2022 15:31

Actualizado al 14/05/2022 15:31

Tras 80 días de guerra, tres sutiles hilos de esperanza de una solución negociada han entrado en el cuadro de situación del conflicto en Ucrania. Pero también los analistas militares señalan que se está ingresando en una tercera fase, la de los “combates prolongados”, que pueden extender por muchos meses la invasión rusa.

Hay que tener presente el viejo principio de que “es el campo de batalla el que determina las negociaciones”.

El presidente ruso Vladimir Putin ha cometido varios errores estratégicos que lo han metido en un callejón incierto, pero es difícil que retroceda porque se está jugando el todo por el todo.

Continuará la guerra. Y los ucranianos, reforzados y reanimados por el vital apoyo logístico de Estados Unidos y los países europeos, una coalición consolidada por este conflicto, difícilmente aceptarán renunciar a partes de su territorio.

El primer hilo de esperanza fue el discurso de Putin el lunes 9, día de la Victoria sobre el nazismo en la Segunda Guerra Mundial, celebrado en Moscú, que más allá de las exhortaciones patrióticas tuvo un tono mesurado que evitó los triunfalismos y las menciones a la guerra.

El segundo, esta semana, llegó con la llamada telefónica del presidente francés Emmanuel Macron al presidente chino Xi Jinping, en la que ratificaron la voluntad común de buscar lograr un acuerdo negociado y defender la integridad territorial de los estados.

El presdiente de Rusia, Vladimir Putin, el lunes pasado, durante el desfile en Moscú por el "Día de la Victoria". Foto: AP

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Contactos diplomáticos

El tercer hilo fue la llamada del secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, a su similar ruso, Serguei Shoigu a fin de asegurar la comunicación entre los dos adversarios para evitar imprevistos fatales entre las dos superpotencias nucleares.

Es la primera vez que se produjo el contacto desde que comenzó la guerra. Es importante comprobar que el presidente de EE.UU., Joseph Biden, fue convencido de la necesidad de esta iniciativa por dos líderes europeos.

En primer lugar el mandatario francés Macron, que hasta junio es presidente de turno de la Unión Europea. Y también fue determinante el planteo que le hizo en un encuentro en Washington el primer ministro italiano, Mario Draghi.

Drahi se mostró una vez más un férreo aliado pero le dijo a Biden que es necesario de que “Estados Unidos y Rusia se hablen”.

Los europeos sostienen que no hay que humillar a Putin si existe la posibilidad de entablar negociaciones para un arreglo tan difícil de lograr.

Soldados ucranianos recorren una localidad cercana a Járkov, tras la retirada de las tropas rusas. Foto: AP

Soldados ucranianos recorren una localidad cercana a Járkov, tras la retirada de las tropas rusas. Foto: AP

Emergencia alimentaria

Los tres hilos de esperanza se reforzaron por el peligro dramático de una emergencia alimentaria en Asia y Africa, bautizada por la prensa “la guerra del pan”.

En la ucraniana Odesa, el principal puerto del mar Negro, se acumulan 25 millones de toneladas de granos, atascados en vagones ferroviarios, depósitos y barcos. Hace falta un acuerdo internacional de emergencia para movilizarlos. Pero la situación es difícil porque el mar Negro está tapizado de minas vagantes y los costos de los seguros se han ido a las nubes.

En veinte países comienzan a florecer las protestas populares. Pero hasta ahora el encono beligerante impide buscar una solución que se hace imperiosa porque pronto deben comenzar a llegar los productos de las nuevas cosechas y si el bloqueo continúa se va a una crisis sistémica.

El avance de las fuerzas rusas en Ucrania. /AFP

El avance de las fuerzas rusas en Ucrania. /AFP

Corre la versión de que militares de alto grado rusos y ucranianos que fueron compañeros de estudio en las academias militares (hasta 1991 todas eran rusas), han entrado en mutuo contacto para afrontar problemas como el de las cosechas de alimentos (Rusia y Ucrania son dos graneros del mundo) y otras cuestiones difíciles que imponen buscar salidas racionales y urgentes.

Los invasores debieron reorganizar sus dispositivos porque el despliegue en el este y el sur ucraniano son el teatro redimensionado de la ofensiva rusa.

La primera fase fracasó porque Putin tuvo que aceptar que ocupar toda Ucrania era imposible. La reorganización de las ambiciones llevó a abandonar el asedio de la capital Kiev y a enviar las tropas al este.

Allí comenzó la segunda fase con una ofensiva que debía ser aplastante y que en cambio encuentra muchas dificultades. El objetivo principal en estos momentos es la ocupación total de la rica región del Donbas, donde se encuentran las dos pequeñas república filorusas ya incorporadas a la Federación Rusa.

Pero la ofensiva obliga a maniobras que necesitan mover muchos soldados y materiales bélicos. Y el dispositivo militar es insuficiente. Lo demuestra la decisión de abandonar también el asedio a la segunda ciudad de Ucrania. Después del fracaso en Kiev ha llegado la frustración del retiro de Járkov, al norte del Donbas y cerca de la frontera ruso-ucraniana.

Guerra prolongada

En el comienzo de la tercera fase de los “combates prolongados” que los rusos avanzan en el este con más fatiga pero están por lanzar una nueva ofensiva para, en primer lugar, envolver en un bolsón a los 40 mil veteranos del ejército de Ucrania que defienden el Donbas.

La ocupación de esa región es fundamental para que Putin pueda cantar su primera victoria estratégica, por donde debía comenzar la guerra si el líder ruso no se hubiera envuelto en la quimera de conquistar Kiev para quedarse con toda Ucrania.

Pero Putin no se conformará con este triunfo, si sus fuerzas militares logran concretarla. Después quiere que la masa del dispositivo militar ruso se mueva hacia el sur, donde ya se combate desde el comienzo de la invasión del 24 de febrero.

Ocupar el sur significa en primer lugar establecer una amplia continuidad terrestre entre el Donbas en el este y la meridional península de Crimea, que Rusia se anexó en 2014.

En el sur hay varias ciudades importantes que los rusos están atacando. Entre ellas Jerson, que ocuparon en marzo, y donde se proponen imponer un referéndum popular que la incorporaría a Rusia.

Pero el sur de Ucrania tiene en Odesa, la cuarta ciudad del país, joya histórica y arquitectónica, puerto de vital importancia, el más crucial objetivo que culminaría la campaña militar lanzada por el presidente Putin.

Ocupar Odesa, que se prepara para resistir y recibe ya cotidianamente una lluvia de misiles y tiros de la artillería, será dificil.

El último objetivo que apagaría las ambiciones imperiales de Putin está cerca y un poco más al oeste de Odesa con la entrada triunfal en la Transnistria, una franja de tierra con menos de un millón de habitantes, que se separó de Moldavia y está bajo el control de los rusos, que cuentan con una guarnición de dos mil soldados.

El plan es conquistar un tercio de los 600 mil kilómetros de Ucrania, que perdería todas sus costas en el mar Negro.

Roma, corresponsal

CB​

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